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¿Es viable un Plan Marshall para el Chocó?


Por Jairo Molina Camargo

El término 'Plan Marshall' tiene un peso histórico que sería bueno no utilizarlo a la ligera.

Cuando el presidente de la República, Abelardo De La Espriella, habló de implementar un 'Plan Marshall' para el Chocó, después de recorrer las zonas afectadas por el terremoto ocurrido el pasado 10 de agosto y, que en su recorrido visitó la Universidad Tecnológica del Chocó, utilizó una referencia que remite a uno de los mayores esfuerzos de reconstrucción económica de la época contemporánea.

Pero la pregunta que debería hacerse Colombia en este momento, no es solamente si el Chocó necesita una inversión extraordinaria. Eso parece evidente. La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Estamos preparados para hacer del desarrollo del Chocó una política de Estado y no simplemente otro anuncio presidencial?

El economista James A. Yunker, en Global Marshall Plan: Theory and Evidence, recuerda que el Plan Marshall original, desarrollado entre 1948 y 1952, destinó más de 13.000 millones de dólares para contribuir a la recuperación de Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Según su análisis, aquellas transferencias representaron más del 1 % del producto nacional bruto estadounidense y más del 2 % del producto combinado de los países europeos beneficiarios.

¿Qué hacer con él?

Este plan de acuerdo a Yunker no está concebido como una transferencia destinada simplemente a aumentar el consumo. El dinero debería dirigirse a crear capacidad productiva: equipos, infraestructura, educación, formación, carreteras, puertos, aeropuertos, escuelas y hospitales. Es decir, construir las condiciones para que una sociedad pueda producir más, educarse mejor y depender menos de las transferencias futuras.

El Chocó no necesita únicamente reconstrucción

El terremoto puede haber puesto nuevamente los reflectores sobre el Chocó, pero, los problemas del departamento no comenzaron con el movimiento telúrico. Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística - DANE, en 2024 el Chocó tuvo una incidencia de pobreza monetaria del 67,4%, la más alta entre los departamentos del país. Ese dato debería producir algo más que preocupación de un solo día. Debería producir una discusión nacional.

Estamos hablando de un territorio que posee una enorme riqueza ambiental, cultural y humana, sin embargo, continúa enfrentando profundas brechas sociales y económicas. Por eso, si el Gobierno quiere utilizar el nombre de 'Plan Marshall',  a un determinado programa, debería asumir también la responsabilidad que implica el concepto.

Un verdadero plan para el Chocó tendría que mirar mucho más allá de reparar edificios afectados por un terremoto. Tendría que preguntarse cómo conectar realmente al departamento con el resto del país; cómo garantizar agua potable y saneamiento; cómo transformar la educación; cómo fortalecer la Universidad Tecnológica del Chocó; cómo mejorar la atención en salud; cómo generar empleo formal; cómo impulsar actividades productivas compatibles con su extraordinario patrimonio ambiental; cómo mejorar la conectividad digital y cómo convertir a sus jóvenes en protagonistas del desarrollo.

De hecho, el propio Estado colombiano ya tiene un antecedente que demuestra que la idea no parte de cero. El Departamento Nacional de Planeación suscribió en septiembre de 2025 un Pacto Territorial por el Chocó, con un horizonte de diez años y líneas que incluyen salud, transformación productiva sostenible, agua potable y saneamiento, infraestructura para la interconexión y desarrollo territorial, y bienestar social.

¿Es viable?

Sí, por supuesto que es viable, pero, no como una copia literal del Plan Marshall estadounidense. Colombia no es Estados Unidos de 1948 y el Chocó no es la Europa destruida por la Segunda Guerra Mundial. Las circunstancias históricas, económicas, institucionales y territoriales son completamente diferentes.

Por eso sería más sensato hablar de un Plan Marshall colombiano para el desarrollo integral del Chocó, tomando del concepto original su escala, su concentración de esfuerzos y su visión de largo plazo,  adaptándolo a nuestra realidad.

Yunker es particularmente prudente en este punto. Reconoce que sus 'simulaciones' no demuestran de manera definitiva que un programa de esa magnitud vaya a funcionar en el mundo real. Por eso plantea que debería implementarse de manera tentativa, con evaluación y posibilidad de modificarlo o incluso terminarlo si no produce resultados.

El verdadero Plan Marshall comenzaría cuando se apague la emergencia

Hay algo más que Colombia debería aprender en situaciones como esta. Las tragedias suelen producir solidaridad. Los terremotos generan cámaras, funcionarios, donaciones y discursos, pero, después llega la normalidad. Y es precisamente allí donde comienzan los verdaderos problemas.

El Chocó no puede depender de que ocurra una tragedia para que el país vuelva a mirarlo. Si el terremoto termina convirtiéndose en el punto de partida de una transformación profunda y sostenida, entonces una desgracia habrá servido para despertar una responsabilidad nacional.

Entonces, si dentro de unos años solamente recordamos que hubo un anuncio de un 'Plan Marshall', algunas obras inauguradas o en algunos casos dejadas a medias y muchas fotografías oficiales, habremos perdido una oportunidad histórica.

La verdadera deuda

El presidente De La Espriella tiene razón en una cosa fundamental: el debate sobre el Chocó es un asunto de vieja data y existe la deuda. Es por eso que los chocoanos deberían exigir mucho más que un nombre atractivo.

Un Plan Marshall no debería ser una promesa de dinero. Debería ser una promesa de transformación. Porque al Chocó no le hace falta otro discurso sobre la deuda histórica. Le hace falta que Colombia, por fin, decida cómo piensa pagarla.

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